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El valor de la confianza – coaching ontológico

El valor de la confianzaEl poeta peruano José Santos Chocano sabiamente se refería a la confianza mediante esta máxima: “El ave canta aunque la rama cruja, porque conoce lo que son sus alas.”

Se me ocurre pensar que todas las relaciones afectivas, comerciales y laborales están basadas en la confianza.

Pero y ¿cuál es el precio que pagamos cuando vulneramos la confianza?

¿En este momento cómo son nuestras relaciones con las personas que están en nuestro entorno?

La disciplina del coaching ontológico no se escapa de la confianza, para poder desarrollar un buen proceso hay que construir confianza y mantenerla.

La confianza es el resultado de acciones y actitudes que se sienten y no necesariamente se dicen pues lo percibimos a veces con una simple mirada.

Las sociedades y culturas avanzadas viven y fortalecen la confianza porque de ella se deriva la calidad de vida de sus integrantes.

¿Cómo es la sociedad en la que yo vivo?, ¿hay confianza?

¿Siento confianza con las personas que comparto mi vida?

¿Qué es lo que me hace en ocasiones vulnerar la confianza?

¿Cuál es el beneficio de ganar confianza?

¿Cómo podemos volver a construir confianza?

¿Confía en la empresa para la que trabaja?

¿Confía en sí mismo? , independiente de su creencia en Dios

¿Cree en un ser o energía superior?

Cuentan que un alpinista desesperado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía después de años de preparación. Quería la gloria para él solo, y por eso subió sin compañeros.

Empezó a subir y se fue haciendo más tarde y más tarde. No se preparó para acampar, sino que siguió subiendo decidido a llegar a la cima, hasta que se hizo la oscuridad.

La noche cayó y en la altura de la montaña ya no podía ver nada. Todo era negro, visibilidad cero, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, resbaló y se desplomó por los aires… Caía a una velocidad vertiginosa, solo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad…

Seguía cayendo… y en esos angustiosos momentos, le pasaron por su mente todos los gratos y no tan gratos momentos de su vida. Pensaba que iba a morir, sin embargo de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo partió en dos….Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura después de un momento de quietud suspendido por los aires, gritó con todas sus fuerzas: ¡AYÚDAME, DIOS MIO!

De pronto, de los cielos Dios le contestó: “¿QUÉ QUIERES QUE HAGA, HIJO MÍO?”

“Sálvame Dios”.

“¿REALMENTE CREES QUE TE PUEDO SALVAR?”

“Si, Señor”

“ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE…”

Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y no se soltó.

Cuenta el equipo de rescate que al día siguiente encontraron colgado a un alpinista muerto, congelado, agarrado fuertemente con las manos a una cuerda. ¡A TAN SÓLO DOS METROS DEL SUELO!

¿Cuál es el precio que estoy pagando por no confiar?