Galápagos

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Apenas me puedo acercar a describir con palabras la experiencia de conocer las islas encantadas de galápagos en el mar pacífico del vecino país de Ecuador.

Al encontrar animales que no huyen de los humanos, sentí vergüenza de género al observar que estas especies de pingüinos, pájaros, albatros, piqueros, gaviotas, tortugas, peces, cormoranes e iguanas podían compartir un mismo lugar en un espacio donde solo se percibe tranquilidad y paz.

¿Qué lejos estamos los humanos de ello?

¿Cuántas lecciones de respeto nos brinda la naturaleza?

Estas especies únicas en el mundo y donde se funde el mar con el fuego están protegidas del hombre quien a través de la historia ha sido su mayor depredador.

En Galápagos sentí que el paraíso existe porque la sabia naturaleza perpetúa con la armonía.

Sentado frente a los acantilados me provocó que ojalá todos los seres humanos pudiéramos sentir lo que allí se siente.

Nadar junto a las tortugas, jugar con los lobos de mar y crear una relación inocente, sutil y profunda, en tan escasos instantes nunca me había ocurrido.

Gracias Pao por mostrarme un pedacito de tu país, gracias Angélica por escribir con tu papá otra página inolvidable de nuestra historia.

Desde el coaching me pregunto:

¿Cómo sería nuestra existencia si en lugar de visitar selvas de cemento nos diéramos la oportunidad de conocer el “paraíso” de Galápagos?

¿Será que una experiencia de estas aporta más que un semestre de universidad o quizás horas de conferencias?

¿Qué tal si hacemos un turismo cargado de cultura y enseñanza?

¿Realmente conocemos el mensaje de Charles Darwin sobre el origen de las especies?

Mi amigos con vivencias como estas la vida se impacta, después de estar allí no puedo ser el mismo. Soy otro observador.

Buen coaching.

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