Suicidio

Conferencias coaching Reflexionar¡SUICIDIO!

Del suicidio silencioso me habló mi amigo médico Libardo Agudelo al referirse a aquellas personas que a través del tiempo se abandonan en su ser, en su cuerpo, en sus emociones, en su presentación y se convierten en víctimas de ellas mismas.

Para este grupo materializar el “suicidio” es existir en un estado depresivo y quejoso.

Otras personas toman la decisión consciente o inconscientemente de acabar con el regalo del creador a través de métodos diversos que atentan contra su integridad.

 

En estos días el Dr. Cliff Arnall, un investigador británico de la Universidad de Cardiff, señaló que el 18 de enero del 2010 fue el día más depresivo en gran parte del mundo y más por la tragedia de Haití.

Alguien muy allegado a mí sin conocer este anuncio se deprimió ese día de tal forma que optó por atentar contra su vida y desde el coaching me hizo reflexionar hoy sobre el tema.

¿Qué hago cuando me deprimo y siento soledad o dificultades?

¿Si digo si a la muerte violenta que me impide decir si a la vida?

¿Cuáles son las razones y propósitos de mi existencia?

¿Qué me hace sentir abandonado?

Se dice que en el mundo,  promedio se suicidan 3.000 personas al día y de estos 6 son colombianos según el Instituto de Medicina Legal.

A su vez según la Asociación Colombiana de Psiquiatría un 15% de la población sufre depresión que es una de las causas de Suicidio.

La sensación de abandono es uno de los miedos humanos que en ocasiones viene desde nuestra gestación y con el tiempo brota llevándonos al suicidio.

Sumado a la depresión el protagonista argumenta la soledad que se usa como argumento para justificar su acción.

¿Cómo he aprendido a manejar mi soledad?

¿En qué ocasiones responsabilizo a otros de las prisiones que yo mismo he creado?

¿Cómo manejo la enfermedad de la depresión que hoy es una de las principales dolencias de la humanidad?

“Algunos se mueren aún en vida, otros viven después de la muerte”

Valeriu Butulescu

No soy la persona indicada para juzgar la decisión de ese ser cercano que en esta ocasión fracasó en el intento, pues a lo mejor desde la misma comunión intrauterina con su madre había una memoria de abandono que la deprimió.

Desde la interiorización que propone el coaching me respondo que amo la vida, amo los atardeceres en la montaña de mi casa, las caricias de mi hijos, el sonido de las campanas al viento, el vuelo de mis palomas mensajeras y los ladridos de mis perros, estoy enamorado de mi trabajo y de la gente con la que comparto y que todos los días me enseña algo.

Me sumerjo en las letras de mis libros y en el sonido de la música que me gusta, en el caminar con jeans y camiseta descomplicándome la vida.

Quiero seguir abrazando árboles, mis manos que huelan a hierba de ruda, menta o ajenjo, comer arepas de balú y tomar limonada con guatilla y bañarme en las noches porque me acuesto fresco. Quiero romper las reglas por ignorante y equivocarme porque así aprendo y en ocasiones quedarme en el silencio de mi ser.

Ansío aprender a escuchar más y hablar menos, dejar el acelere y gozar la lentitud.

Por ahora intento no hacer juicios de nada ni de nadie y trabajar por conocer el instante del ahora.

Agradezco a Dios, mi pareja, mi familia, mis amigos y mi país por estar aquí cuando más los necesito.

Anhelo aprender de mi hija Angélica a danzar la vida, la alegría y el perdón.

¡Con todo lo anterior no tengo tiempo para el suicidio!

Hoy te propongo un coaching de vida.

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