Vivir sin puertas

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El Mumonkan o La barrera sin puerta es, junto a Las Enseñanzas del Maestro Lin-chi, el libro más importante de la literatura zen.

Con ocasión de la certificación de nuevos coaches en Medellín tuve la oportunidad de recordar este mensaje así como el del libro vivir sin esperar donde se nos invita a tener una mente tranquila permaneciendo liberados de los miedos y la codicia.

Mi colega y amiga Sandra Rozo, me invitó a la casa sin puertas donde me deleité de la paz y la energía de un lugar especial, diseñado para quienes queremos trabajar el desapego y salir del hambriento mundo del consumismo.

Empotrada en lo profundo de un bosque que invita a la contemplación y fabricada en madera y barro, ratifiqué que si podemos salir de aquellas expresiones: mi cuarto, mi baño, mi cocina, mis muebles, mi carro, mi silla, mi ropa, etc, etc… frases estas que nos apartan y nos dividen.

¿Qué te impide compartir con otros seres humanos sin usar la palabra MI?

¿Qué más deseas comprar que te genera ansiedad?

¿Por defender aquello que es… mío de qué me he perdido?

¿Cuáles son las puertas que necesitas quitar para estar más cerca de tus seres queridos?

En este lugar encontré loza sencilla, muebles cómodos y simples, cobijas de lana y un toque zen o tal vez indígena porque en ese lugar sin puertas se está abierto a la sabiduría universal.

Allí de nuevo me di cuenta que en las relaciones desde el ego me confundo al pensar que soy lo que tengo, el título universitario que poseo o el cargo que ocupo en una empresa.

¡Me gustó vivir sin puertas!, definitivamente cuando hago un buen coaching lo que hago es derribar puertas.

No creo que la medida de una civilización sea, cómo de altos son sus edificios de cemento, sino cómo de bien ha aprendido su gente a relacionarse con su entorno y sus semejantes.

Sun Bear de la tribu Chippewa

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